Salinas Chávez, Eduardo; Middleton, John. 1998. La ecología del paisaje como base para el desarrollo sustentable en América Latina / Landscape ecology as a tool for sustainable development in Latin America. http://www.brocku.ca/epi/lebk/lebk.html
Laura Bracalenti, Graciela Cavagnero, & Laura Lagorio. La Ribera De Rosario, Argentina: Hacia Una Transformacion Ambiental
VERSIÓN PRELIMINAR / PRELIMINARY VERSION
" LA RIBERA DE ROSARIO : HACIA UNA TRANSFORMACION AMBIENTAL"
Laura Bracalenti *, Graciela Cavagnero *, Laura Lagorio, Arqs.
* Investigadoras del Consejo de Investigaciones
de la Universidad Nacional de Rosario. CIUNR
Centro de Estudios del Ambiente Humano. CEHA
Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño FAPyD
de la Universidad Nacional de Rosario.UNR
Riobamba 220 bis - Rosario (2000) SF
ARGENTINA
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Resumen
Este documento describe los avances y perspectivas de un estudio acerca de las transformaciones del área de ribera de la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, el cual está desarrollándose en el marco de la Ecología del Paisaje y de los lineamientos teóricos y metodológicos del enfoque ambiental. El objetivo es lograr que estas transformaciones permitan incrementar la capacidad de sustentabilidad del organismo urbano.
Por tratarse la ribera precisamente de un área de encuentro entre un sistema creado -la ciudad- y uno modificado -el río- se adopta el concepto de interfase entendido como punto de superposición de sistemas distintos, como herramienta operativa para el análisis de este caso.
Se detectaron los momentos claves del proceso de configuración de la franja ribereña definidos por la relación dialéctica entre variables económicas, políticas, sociales y físicas.
Se elaboró el diagnóstico de la situación actual, basado en la consideración de los siguientes aspectos (): características topográficas, accesibilidad al río y áreas de interacción social. Se determinaron las variables a modificar, potenciar o crear, para incrementar las condiciones de sustentabilidad de la ciudad de Rosario.
Se plantea la posibilidad de orientar el curso de las transformaciones a partir de establecer una relación satisfactoria entre espacios abiertos y cerrados, construidos y modificados(º), incrementando cuali y cuantitativamente estos últimos, mediante la conversión de espacios ambientalmente degradados que sean potencialmente transformables.
En síntesis se considera que la configuraciónque debiera asumir el tramo de ribera en función de ser un elemento absolutamente significativo en la estructura del mosaico; esto quiere decir no solo considerar el rol de escenarios de interelación social inherente a sus espacios abiertos, sino también sus características físicas en tanto espacio para la recuperación del soporte, o sea deberia ser lo menos construido posible en tanto su rol de corredor ecológico y posibilitador de interelacionar a la socidad con el medio natural.
1.Introducción
La transformación ambiental de un espacio urbano implica su redefinición de acuerdo al aporte que dicho espacio puede hacer a la sustentabilidad del sistema del cual forma parte.
Los presupuestos de base que determinan la sustentabilidad de un sistema urbano se particularizan en relación a la escala y a las características de cada ciudad o área metropolitana, y a la relación con su medio de sustentación y cuenca de abastecimiento. Esto indica que no es posible hablar acerca de ¨un¨ modelo de
desarrollo sustentable, sino de alternativas ajustadas a los modos de apropiación de los ecosistemas naturales, que cada sociedad va definiendo a lo largo del proceso histórico de conformación urbana
La ecología del paisaje es un marco científico para estudiar los impactos humanos en los ecosistemas. Una herramienta teórica para resolver los problemas prácticos del desarrollo sustentable, en tanto éste último constituye su objetivo fundamental.
Esta perspectiva permite enfrentar los problemas urbanos desde una visión holística, incluyendo la consideración de variables ambientales desde un punto de vista teórico y operativamente interdisciplinario. La calidad de vida humana -inseparable de la calidad del ambiente- es asumida como común denominador entre las distintas ópticas disciplinares. Es un concepto integrador a partir del cual se construye un objetivo colectivo.
En casos como el que aquí se plantea, en los que las decisiones relativas a la transformación y configuración de una serie de espacios deben considerar especialmente el aporte de variables de sustentabilidad al sistema que conforman, la ecología del paisaje puede aportar criterios para la selección de aspectos tradicionalmente no incluidos, que deben ser tenidos en cuenta para la elaboración de estrategias operativas que permitan accionar sobre la realidad.
2. Breve descripción del país como contexto.
En su condición de país dependiente en el marco del modelo de desarrollo neoliberal, la Argentina muestra características que son comunes a otros países latinoamericanos. Las ciudades se transforman según dos direcciones diferentes determinadas por la misma causa estructural.
Por un lado se implementan las acciones tendientes a una adecuación urbana que les permita asumir un rol dentro del orden global. Por otro, se concreta la expansión periférica y los cambios en áreas ya caracterizadas que devienen del incremento de la población carenciada y de la segregación socioespacial. Todo esto enmarcado en una realidad en la que se manipulan valores y modalidades de vida a nivel global desde la capacidad inabarcable de los medios de comunicación, consolidando las variables de un modelo de vida basado en el consumo y la homogeneización cultural.
3. Participacion de la ecología del paisaje
En esta situación, la creación y perfil de los organismos públicos responsables de definir y llevar adelante las políticas ambientales a nivel nacional y regional, ha sido resultado de las condiciones impuestas por los países subsidiarios, los que en gran medida definen también los objetivos propuestos y las acciones a seguir, comprometiendo la legitimidad de éstos en cuanto a su carácter representativo de los intereses de la población.
Los aspectos neurálgicos de una política que tienda a mejorar las relaciones socio-ambientales no son asumidos en forma estructural, y las acciones implementadas no son planteadas sobre estudios hechos con la profundidad y la rigurosidad necesarias. Las variables culturales que intervienen en la problemática no son tenidas en cuenta, descartándose las instancias de participación desde las cuales cualquier iniciativa en este sentido debe desarrollarse. La mayoría de los planes quedan en enunciaciones teóricas o no se concretan por alguna razón.
Las posiciones vanguardistas o tan siquiera los enfoques alternativos, no trascienden los ámbitos de la investigación científica o las pequeñas experiencias puntuales llevadas adelante por organizaciones intermedias y por grupos de población involucrados en problemas ambientales concretos.
4 a .Area metropolitana de Rosario
Si bien Rosario -con mas de un millón de habitantes- es la segunda aglomeración en importancia del país después del área metropolitana de Buenos Aires, no constituye un fenómeno crítico de hiper-crecimiento, y por lo tanto no tiene los severos conflictos cuali y cuantitativos propios del aumento poblacional descontrolado. Aunque sí se presenta, atendiendo a sus características y problemas, como una aglomeración urbana que expresa netas manifestaciones de un proceso de metropolización. Sin embargo, frente a la crisis económica que atraviesa el país, los índices de crecimiento demográfico se han incrementado, sobre todo debido a los movimientos migratorios, lo que ha intensificado el fenómeno de periferización, también alimentado por el abandono de áreas consolidadas dentro de la misma ciudad.
Estos fenómenos han producido problemas que resultan típicos del descontrol de las grandes áreas metropolitanas. Resulta entonces evidente la ausencia de medidas operativamente eficaces de planificación y control urbano que hubiesen evitado, o al menos paliado, el deterioro de la calidad ambiental, y la continua degradación del soporte natural de sustentación urbana.
La implementación de las medidas asociadas a la viabilización de las distintas posibilidades de vinculación económica entre los países que intervienen en el Mercosur, sitúa a la zona Metropolitana de Rosario en una coyuntura de cambio de importancia histórica. Las perspectivas de expansión debido a las importantes corrientes migratorias que serán atraídas por las potencialidades del área, resultan alarmantes atendiendo a la capacidad de respuesta y de organización metropolitana actual.
4.b. La Ribera Rosarina.
La ciudad está ubicada sobre la margen occidental del brazo principal del río Paraná. Su ubicación geográfica central, la calidad de las tierras, aptas para las actividades agropecuarias y los rasgos dominantes del Paraná a la altura de la ciudad, definidos por barrancas casi continuas salpicadas puntualmente por la aparición de bajos y playas y por la existencia de canales profundos e islas de fácil accesibilidad, son propiedades confluyentes que otorgan al componente natural excelentes condiciones como soporte de asentamientos humanos.
Variables históricas de conformación
La breve descripción histórica aquí presentada parte de una hipótesis que enfatiza la gran incidencia de los flujos de información exógenos sobre la ribera rosarina, que a través de los modelos adoptados a lo largo de la historia urbana, definieron el patrón de configuración espacial y determinaron la escasa relación vivencial ciudad - río y la rígida impronta física que condiciona esta relación.
La primera modalidad de apropiación del territorio (estrechas y largas franjas todas con frente al río) confirma el valor de esta interfase.
La Villa del Rosario estuvo poblada desde sus inicios (circa 1750) por agricultores, ganaderos y comerciantes, quienes establecieron sus vínculos mercantiles a través del Paraná eludiendo el monopolio de los puertos de Buenos Aires y Santa Fe. Este hecho constituye el germen de la transformación de la interfase netamente natural a una interfase activa caracterizada por el "ouput" de materia y el intercambio informacional cuyo escenario fundamental era el puerto natural.
Inicialmente, la relación del asentamiento y de sus habitantes con el río era abierta, potenciadora y vital. En esta instancia, el Paraná era utilizado como un recurso natural considerado parte de un sistema hídrico en vinculación al territorio a partir de sus propias leyes de equilibrio ecológico.
En 1852, año en que Rosario fue declarada ciudad, se inicia un corto periodo de protagonismo político-económico al convertirse en puerto principal de la Confederación, rol que sólo mantuvo diez años. Con la creación de la Aduana se evita la salida desde cualquier punto costero y se modifica la particular dinámica de uso del río que le otorgaba el tráfico ilegal.
El proyecto de país basado en la tríada "tierra, trabajo y capital" debía ser instrumentado por un Estado que necesitaba orden para el logro del progreso que significaría el desarrollo agrícola capitalista vinculado al mercado mundial(1). En este modelo, el ferrocarril se convierte en un elemento de importancia fundamental. Vinculada a este tráfico surge la infraestructura de apoyo, que en el caso de la ciudad-puerto materializa una impronta de gran envergadura.
En la última década del siglo pasado y a comienzos del actual se produce la "transformación portuaria". El avance tecnológico hizo posible plasmar físicamente el cambio y los requerimientos de la creciente exportación, móvil de la economía urbana. Un hecho fundamental es la modificación de la fracción de ribera sobre la que se desarrollaba la actividad portuaria. Esto implica el reemplazo de la playa natural y su potencial como espacio de uso público y llegada libre a la orilla del río por un muelle construido y abrupto, sobre el que las actividades eran organizadas y dirigidas por intereses particulares. Un nuevo patrón configuracional y vivencial comienza a regir la organización de los espacios ribereños.
Con la implantación de las primeras industrias, se materializan las grandes tecnoestructuras productivas. La ribera del Paraná se define como límite entre la ciudad y el río. Se determina como interfase física pasiva restringiendo el uso público que en primer momento la caracterizó.
Se inicia una etapa de dominación antrópica del río como recurso, modificando su configuración estructural e iniciando la alteración paulatina de la calidad del agua, ocasionada por los residuos de la industrialización incipiente y los afluentes cloacales domiciliarios.
El auge exportador le confiere a la ciudad el rótulo de "granero del mundo". Esto implica la expansión del puerto (privado) y un mayor control con la aparición de límites precisos materializados a través de rejas y muros.
En la década del ´40 la nacionalización del puerto y del ferrocarril, trae aparejada la degradación de las instalaciones y la desafectación de terrenos estatales sobre los cuales se produjo la radicación de "villas miserias", producto de la importante migración interna.
Durante este período la realidad de la ciudad se encauza hacia el mismo destino de casi todas las ciudades latinoamericanas : un crecimiento explosivo caracterizado por una alta densidad central, en contraposición a una periferia extendida y degradada, sin una estructura de espacios públicos.
Un menor movimiento portuario empeora la situación que recién se comienza a revertir al finalizar la década del ´70. A raíz de esta revitalización. Se concreta un importante eslabón de la infraestructura rosarina, las obras del puerto sur, negando sobre ese sector más aún la posibilidad de vivenciar el río.
Continúa esta cadena de situaciones de cierre, la instalación de plantas para la dotación de servicios públicos. La ribera sigue engarzando ámbitos de diverso tipo pero excluyendo sistemáticamente -salvo casos puntuales como el Parque Nacional a la Bandera, el Parque Alem o el Parque Urquiza- la concepción y configuración de espacio públicos organizados para sus habitantes.
Un conjunto de decisiones tomadas durante el período de dictadura militar, comprendido entre 1976 y 1981, en el marco de una política de nula participación ciudadana y progresiva privatización del espacio público, culminó en una serie de intervenciones urbanas de magnitud, básicamente infraestructurales. Estas obras trajeron como consecuencia la relocalización de distinto sectores sociales(2). Por un lado, la construcción de edificios en altura en zonas privilegiadas con vista al río, sólo al alcance de una clase socioeconómicamente alta, y por otro, la erradicación de las villas miserias confinadas a la periferia. Las nuevas autopistas de acceso, inclusive las construidas sobre la franja ribereña -si bien posibilitaron la accesibilidad desde distintos puntos de la ciudad a la ribera- presentan características físicas y de uso que potenciaron el corte ya existente entre la trama urbana y el río.
A partir de lo dicho, hasta esta etapa del proceso de conformación urbana de la interfase ribereña, resulta evidente la falta de participación comunitaria, no sólo en su carácter físico, sino en el nivel de coincidencia y demanda del río como recurso vital, ligadas a la defensa de su calidad como soporte natural y al derecho a disfrutarlo desde el punto de vista recreativo en su dimensión más amplia.
Variables actuales de transformación
La apertura democrática implicó la interacción entre intervenciones públicas dirigidas a mejorar el espacio urbano y la modificación de comportamientos sociales. Seguramente más que en ningún otro ámbito de la ciudad, es sobre la margen del río donde se evidencian con mayor claridad los resultados de dicha interacción. Las intervenciones realizadas desde el gobierno municipal y la dimensión vivencial que alcanzaron las áreas accesibles de la ribera y las islas en años recientes, junto a la nueva actitud participativa de algunos grupos, como las sociedades profesionales y los organismos ecologistas, hablan claramente de una actitud diferente en pro de la defensa del río como bien común.
No obstante, la vida al aire libre, los deportes náuticos y los medios de transporte acuático particular, como nuevas pautas de la sociedad de consumo, inciden significativamente sobre una porción importante de la ribera, consolidando una sucesión de guarderías náuticas e instituciones recreativas privadas, de uso público restringido, que amplían sus instalaciones para dar cabida a las últimas modas. El mismo fenómeno se da en las islas donde el paisaje natural ha sido fuertemente modificado.
En la actualidad se evidencian los resultados de un proceso (que lleva más de una década), caracterizado por acciones tendientes a abrir el límite y a recuperar ámbitos para la interacción social. Estas acciones se han materializado en un lapso muy corto en términos históricos y se han desencadenado cambios significativos en la modalidad de apropiación del espacio. Este fenómeno puede interpretarse como una suerte de cadena de acciones públicas y reacciones socio-comportamentales que dan continuidad al proceso de transformación de la ribera rosarina.
Si bien las actividades que se desarrollan son potenciadoras de la vida, la modalidad de apropiación del espacio a través de concesiones o administración por parte de entidades privadas, no garantizan el "libre acceso" a toda la sociedad.
Esta modalidad de "privatización" de la ribera como consecuencia del progresivo desentendimiento del poder público de las funciones que le son propias pone en peligro la ya frágil situación de la ribera, verdadero patrimonio ambiental de los rosarinos.
Diagnóstico :
Este diagnóstico se realiza detectando las interfases activas y pasivas del sistema urbano mediante el reconocimiento de las variables que respectivamente las caracterizan.
Los espacios considerados como interfases activas, es decir aquellos donde se da la comunicación social, representan aproximadamente el 43% del total de la franja ribereña. El 24% corresponde a interfases activas positivas, entendidas como ámbitos que permiten la autogestión de información o, dicho de otro modo, que funcionan como escenarios públicos de participación y protagonismo social en el manejo del ambiente.
Desde el punto de vista configuracional, pueden estar más o menos consolidados, abarcando un amplio espectro que va desde un tipo de espacio eminentemente construido como el Parque Nacional a la Bandera, hasta otros como el área solo modificada, agreste que balconea sobre el río en el límite norte de la ciudad, pasando por instancias intermedias como el balneario La Florida, la rambla Cataluña y los espigones de pesca, entre otros.
Las interfases pasivas se consideran negativas si no hay mecanismos que permitan la participación popular y la gestión de las decisiones vinculadas a los ámbitos en los que dichas interfases tienen lugar. En el caso particular del área estudiada, pertenecen a este grupo las instituciones privadas como clubes, escuelas, etc., y también los asentamientos irregulares. Respecto de lo primeros, es importante aclarar que a pesar de contar con mecanismos de participación interna, son tan poco representativos de la población total, que no pueden considerarse como escenarios urbanos de participación social. En cuanto a las localizaciones marginales, la informalidad de los procesos de generación de información, los torna vulnerables a las decisiones políticas, razón por la cual -a pesar de generar flujos a nivel interno- son altamente dependientes. Estas interfases representan el 19% de la ribera.
Los espacios que funcionan como interfases pasivas, es decir que no procesan información y cumplen el rol de separadores o límites entre áreas activas, cubren el 57% del total. Las de carácter positivo, o sea las que cumplen este rol respondiendo a necesidades colectivas o funcionan como canales eficaces de materia y energía, sólo representan el 18% de la franja ribereña, en tanto que las negativas - infraestructura en desuso, basurales, espacios abiertos inutilizados, etc.- suman el 39%. Ejemplos de las interfases pasivas positivas son las instalaciones de Puerto Sur y Aguas Provinciales. De las negativas, los predios ocupados por edificaciones privadas inaccesibles, infraestructura ferroviaria y portuaria en desuso, etc.
De lo dicho se desprende que la relación entre la ciudad y el río -a pesar de los cambios producidos en los últimos años- todavía está signada por la presencia mayoritaria -el 58%- de interfases negativas, constituyendo las positivas el restante 42%.
Este proceso de recuperación sigue su curso. De hecho es importante mencionar, que sobre un 17% del área total considerada, existen proyectos de transformación que mantienen el espíritu de los cambios hasta ahora realizados.
La transformación "ambiental" de la ribera, debe continuarse como un proceso de trabajo interdisciplinario y participativo. Esta debe plantearse como objetivo, que técnicos, decisores y comunidad desempeñen un rol protagónico en conjunto y configuren un eslabón más en la secuencia histórica que va construyendo el ambiente.
Desde el punto de vista "proyectual" entendido el proyecto como una "acción cultural, responsable, vinculante, previsora y creativa"(3) ; el espacio a concebir debiera organizarse sobre una estructura que hilvane los sitios con significado social, otorgando a la interfase la posibilidad de ser leída como globalidad y no como sucesión aditiva de los distintos espacios activos y pasivos, abiertos y cerrados. El protagonismo debe ser asumido por el espacio público, por la interacción social y por la primacía del medio natural y modificado de ribera, auténtico patrimonio de la región y de la ciudad.
Las tecnoestructuras a construir deben propiciar la amenidad, la recreación y todo uso productivo no reñido con lo antedicho, al mismo tiempo que deben adecuarse en tamaño, calidad constructiva, materiales a utilizar y forma física al valor paisajistico de la interfase (4).
La factibilidad -en el marco del MercoSur- de concreción de obras de gran envergadura, de alcance nacional e internacional, como el puente Rosario-Victoria, la conexión interoceánica Valparaiso - Porto Alegre y las obras de refuncionalización del puerto de Rosario, entre otras, implica necesariamente el análisis de las tensiones que se desencadenarán, sobre la ciudad y particularmente sobre la franja de ribera.
La complejidad de los problemas, y la celeridad que los acompaña son características del mundo actual, que tiende a desarticular, y por ende a transformar en negativas acciones que intrínsecamente son positivas para el desarrollo de una sociedad. Ante esta realidad promisoria para esta porción de ribera, es posible aferrarse al pasado, y con una visión economicista volver a aislar a la sociedad del río, o mirar al futuro incorporando las diversas modalidades de uso recreacional-deportivo que se han venido desarrollando en forma creciente en los últimos años.
Aceptar que en la actualidad la obra pública solamente pueda volver a construir ciudad con el apoyo de recursos privados, no debiera significar soslayar el objetivo movilizador de toda intervención urbana : el logro de un buen ambiente que mejore la calidad de vida de todos los habitantes y no sólo de determinados sectores.
La oportunidad sin precedentes de recuperar gran parte de la ribera rosarina para el uso comunitario debe ser aprovechada con gran sentido social. Este es el único punto de vista válido desde el cual concebir el manejo de la relación contractual entre los distintos sectores involucrados. El derecho público al río como recurso vital debe estar plasmado en cada fracción de ribera a recuperar.
A continuación se describen los aspectos y situaciones que, dadas sus características y aportes a la sustentabilidad del sistema, se consideran negativas, posibles de potenciar o positivas.
Situaciones a modificar :
Situaciones a potenciar :
Situaciones a definir :
Pautas de transformación del área para la introducción de variables de sustentación.
Propuesta de transformación de espacios degradados (Interfases negativas)
La propuesta aquí planteada (7) parte de considerar que un proceso de desarrollo urbano sustentable y posibilitante de una adecuada calidad ambiental, puede organizarse a partir de un criterio de interpretación de la ciudad basado en la lectura horizontal e integrada de tres tipos de suelo determinados por el soporte natural en tanto éste sea destinado a : la configuración construida, la producción de biomasa y la recuperación del soporte natural.(8)
Se propone entonces definir concretamente la vinculación posible y razonable de estos tres tipos de suelos en la franja de ribera considerada, como mecanismo de optimización de la calidad ambiental de la ciudad en su totalidad.
Se considera que la relación satisfactoria entre espacios construidos, abiertos y verdes, puede lograrse incrementando cuali y cuantitativamente estos últimos, a partir de la conversión de espacios ambientalmente degradados que sean potencialmente transformables.
Espacios abiertos : son todos aquellos ámbitos públicos, semipúblicos y privados, abiertos o cerrados, naturales, modificados o construidos, que interesan por su rol urbano para el desarrollo de la vida del hombre, su significación social y su capacidad como ámbitos de interacción humana.(9)
Espacios verdes : son los espacios urbanos configurados con predominancia de recursos naturales (flora, fauna, agua, tierra) imprescindibles para la salud biosíquica de la sociedad.
Espacios degradados : son los espacios urbanos que producen efectos negativos para la sociedad por su grado de contaminación, indefinición, erosión, abandono, etc.·(10)
La propuesta implica avanzar en el conocimiento de los procesos dinámicos de los espacios abiertos, verdes y degradados, atendiendo particularmente a probar la relación estadística que entre ellos existe actualmente a través de la aplicación de un modelo probabilístico aleatorio.(11)
El análisis estadístico puede proporcionar información acerca de la tendencia de dichos espacios, no entendida como prospectiva, pero sí como pauta básica para definir ¨criterios proactivos¨ orientados a manejar adecuadamente estos espacios en el marco de una política ambiental urbana.
Concretamente se probará si existe dependencia o no en los tres tipos de espacios considerados y se definirá que está sucediendo con ellos en términos de su realidad actual.
Como ejemplo específico se detectará si existen tendencias que indiquen estabilidad, degradación u organización de los mismos.
A partir de esto, la investigación pretende aportar, en un campo más operativo, indicadores ambientales de espacios degradados potencialmente transformables en abiertos o verdes.
Estos indicadores tienen la particularidad de representar variables de distinta naturaleza (física y social) en relación. En esta característica reside su aporte innovador, ya que simplifican la identificación de realidades dinámicas y complejas implícitas en el funcionamiento del sistema urbano. Ejemplos de estos indicadores son : seguridad de las personas según la configuración de los EA y EV, accesibilidad de la sociedad a los EA y EV, grado de sinergia en los EA, presencia de especies (flora y fauna)y la convivencia humana en los EV, niveles de contaminación en los DE por concentración de residuos, usos indebidos, asentamientos ilegales, etc.
(9) Cavagnero G. ¨Estudio de la calidad ambiental de los espacios abiertos urbanos en su función de límites¨ CIUNR. 1995.
(10) Lagorio, L ¨Los espacios verdes urbanos¨. CEHA-CIUNR. 1995
(11) Jeffers, J. ¨Modelos en Ecología¨ OIKOS. TAU. Barcelona 1991.